El plan de grupo de toda la vida. El asado reemplaza al restaurante que igual estaba lleno: se quedan donde están y toman a su ritmo.
Veinte personas en un restaurante de Barcelona un sábado significa menú cerrado, horario fijo y gritar de una punta a la otra de la mesa. En la casa nadie mira el reloj ni quiere levantar la mesa para el turno siguiente.
Además resuelve la parte que siempre se complica: todos en un mismo lugar, toda la tarde, sin un plan que haya que cumplir.
La comida empieza a salir desde la primera hora y va por tandas, que es el truco de verdad para que una tarde larga salga bien. Cerveza, refrescos, agua y hielo entran en el precio cerrado.
Podemos terminar tarde si querés. Decinos a qué hora reservaron lo que venga después y armamos los tiempos para atrás.