Pedidas de mano, aniversarios, reuniones familiares, un almuerzo de domingo para terminar una discusión con vino de por medio. Si entra una parrilla, ahí vamos a estar.
Una cena para dos va con el mismo fuego y los mismos cortes que una mesa de treinta. La diferencia es la cantidad, no el cuidado, y los tiempos se vuelven más fáciles en vez de más difíciles.
En las pedidas de mano planificamos la llegada alrededor de tu momento y nos quedamos fuera de escena hasta que nos quieras dentro.
Un sommelier para el maridaje, flores y decoración de mesa, un menú armado alrededor de un plato que signifique algo para ustedes dos.
Cuando la discreción importa, el servicio es silencioso y firmamos un acuerdo de confidencialidad. Sale más seguido de lo que uno pensaría.